In a dream I was a werewolf. My soul was filled with crystal light.

Lavender ribbons of rain sang ridding my heart of mortal fight.

miércoles, 7 de agosto de 2013

1999 (o como generar incendios de nieve con una lupa enfocando a la luna)

"Donde diablos estés. Por fin me atrevo a resumir aquel año. Cuando queríamos romper ventanas y lo hacíamos. Donde diablos estés, si lo escuchas no te lo tomes a mal. Todo está pasado por el filtro del tiempo y mi imaginación tramposa. Si te preguntas " ¿se ha atrevido a hablar de él y de mí?" observa la cifra y considérate contestada. No incluyo nombres en ningún caso. Únicamente lo sabrás tú, que, en cierta manera, es lo que pretendía. Una broma desde la distancia. 1999. El año del supuesto fin del mundo... en cierta manera... si.. el fin de ti y de mí.. algo definible como un pequeño mundo infranqueable para el resto. Y como extrañas plantas, crecíamos más cuando menos agua y luz existían a nuestro alrededor. ¿Cómo podíamos pretender gustar al resto? Nos conocimos sin raíces, andamos un tiempo juntos, sin raíces... en algunos momentos tuve la sensación de que cada uno de nosotros arraigó en el otro. Pero, de cualquiera manera, ya era demasiado tarde para nosotros. ¿Cómo podían asentarse en tierra dos seres tan volátiles? Así que cada uno siguió el camino que le correspondía, y no hay nada más que decir. 

Hoy iré tarde a dormir. 

Te informo. 


Me imagino que mañana te levantarás temprano."





(El texto no me pertenece)

jueves, 13 de junio de 2013

Hagiografía del funambulismo o de como maté a mi madre.

Los médicos dijeron que mi madre se marchó volando.

Mi padre me contaba eso cuando era pequeña. Me decía que un día, después de sufrir y llorar muchísimo, dejó de respirar, y en su último aliento susurró mi nombre, y un pajarito negro salió de su boca y voló hasta salir por la ventana, dejando un rastro de gotas de tinta allá a donde iba, y abandonó en aquella triste habitación de hospital, su cuerpo carente de esencia.

Yo entonces tenía cinco años y no me dejaron ver su cuerpo antes de que, como dice mi padre, la pena restante la quemara por dentro y se convirtiera en polvo y en cenizas.

Porque el Génesis dice eso, que polvo somos y en polvo nos convertiremos

Y que sea como sea acabaremos ardiendo por dentro y nos convertiremos en cenizas, que mi madre era especial pero no era excepción.

Un día los médicos fueron a verla y vieron que se había convertido en un montón de ceniza, antes de poder ver si la pena se había atascado en el hígado o le había contaminado las entrañas.

Quería haberla visto antes de que la convirtieran en cenizas, solo para recordarla tal y como había muerto de verdad.

No habría llorado, nadie llora delante de la cáscara de una nuez.


Mi padre aún cree que sigo pensando que mamá murió de pena, pero la verdad es que existen documentos donde la muerte de mi madre no son más que meros tecnicismos y letras sucias y pobres en tinta de una vieja máquina de escribir sobre papel oxidado con olor a naftalina.

Aquel pajarito negro no era más que un nombre mal escrito entre un montón de carpetas con muchos nombres más, de gente que había muerto, supuestamente, de tristeza.


Mamá sufría del corazón y no lo sabía nadie.

El estado en el que se encontraba y la medicación a la que tenía que someterse no ayudaba, y los médicos le decían que su dolor era psicológico y que todo estaba en su cabeza, en su cabeza igual que yo un día estuve en su vientre, y murió porque su cabeza dijo 'basta', y murió porque por ello su corazón se tropezó, y murió porque un día nací
y la hice enfermar de pena.



miércoles, 6 de febrero de 2013

Intermission

Solo la vi por un momento.
Yo tenía los ojos cerrados.
                                            Pero yo la veía.

Era Ella y me miraba,
                                                                           desde abajo y desde arriba a la vez.

Yo sabía que era Ella.

"¿Quién eres tú?"
                                                           Hermosa esencia etérea.

Alzó las manos
y las puso frente mis ojos
leyendo el viento
                                                                                                         como si fueran las páginas de un libro en braille.


Ella estaba en mi retina.



viernes, 21 de diciembre de 2012

Lo maravilloso que debía ser observar el apocalipsis.

Y sí, al final sí tenían razón, al final era cierto que el mundo iba a terminar aquél día; 

Pensé que si realmente una catástrofe tenía lugar sobre la Tierra, 
ella iba a morir infeliz.

Me la imaginaba en un lugar que desconozco, en un balcón, de cara a la catástrofe pero con los ojos cerrados, quizás extrapolando lo maravilloso que debía ser observar el apocalipsis, como si leyera atentamente con los oídos lo que estaba ocurriendo y con su mente pintara un cuadro de la imagen que se reproducía en ese mismo instante a escasos kilómetros de su posición. El viento furioso iba hacia su dirección, ella alzaba la mano e intentaba descifrar con las yemas de sus dedos el armagedón. 
Sin embargo no moría; ella se evaporaba, ella se desvanecía y se transformaba en un montón de pájaros que volaban a su antojo y desaparecían en una nube de polvo, ella se iba volando con el viento.

Porque ella iba a morir infeliz.

El mundo terminó aquél día, el mundo terminó de ser tal y como era entonces, pues ya nunca volví a mirarlo con los mismos ojos.





sábado, 20 de octubre de 2012

Hoy estuve hablando con ella.

Hoy estuve hablando con ella.

La vi allí sentada, mirando en dirección al sol, su melena bailando con el viento al mismo ritmo que el césped que se entrelazaba con sus dedos. Sus ojos reflejaban el sol.

Entonces me miró y sonrió.

Desde su asiento acariciando la hierba me dedicó una sonrisa, y sus ojos desprendieron un leve remolino de pétalos de flores. Tímidamente parpadeó.
Entre mis manos tenía un ramo de flores, el más hermoso, el más colorido para ella, porque la amo.
Porque la echo de menos.
Por alguna razón tenía miedo de volver a sentir sus manos sobre las mías, así que posé delicadamente las flores sobre el césped. Ella lo miró y con la mirada agradeció el detalle. Con el brazo acarició la hierba que se encontraba a su derecha, invitándome a que tomara asiento con ella. Tímidamente obedecí, y juntos nos tumbamos en la hierba.

Hablamos de tantísimas cosas... Puedo decir que todo lo que me contaba con los ojos era importante, pero totalmente irrelevante comparado con lo que me contaba con los labios.

Le dije que la echaba de menos.

El atardecer empezaba a bañar la hierba y ésta se tornaba anaranjada a la vista. Me levanté y ella dirigió su mirada hacia mí, a modo de despedida. Volvió a dedicarme una sonrisa y cerró los ojos.

Finalmente perdí el miedo y acaricié su piel de mármol, fría y pálida.

Tenía miedo de hacerlo porque sabía que iba a echarlo de menos.

Finalmente le besé la frente y empecé a alejarme de ella. Se hacía cada vez más pequeña, cada vez estaba más lejos.
Pero me miraba.


Hoy estuve hablando con ella.
¿Y sabes qué?




Ella no estaba.


Cómic original: Imploder

martes, 4 de septiembre de 2012

Muñeca de trapo.

*~*

El otro día me encontré con ella. Hacía algunos años que no la veía.

Era muy diferente.
Pero yo estaba segura de que era ella.

Sus ojos estaban rotos. Había cambiado por fuera pero sus ojos, su expresión, era el dolor en carne viva. Sus ojos estaban rotos como el día en que la conocí.

Y cuando pasé por su lado y ella por el mío, juraría que el tiempo se ralentizó.

Que su pelo bailó un tango con el viento mientras dejaba ir una estela invisible que entró por mis poros y lo sentí. Sentí como aquella figura de cristal que todos llevamos dentro caía en picado contra el suelo y se dividía en mil pedazos, y de la fuerza salían todos despedidos y atravesaban mi piel, y finalmente aterrizaban sobre el sucio asfalto.

Quise tirarme al suelo y cortarme las manos con ellos.

Quizás me equivocaba de persona.
Pero yo sé que era ella.

Cuando pasó por mi lado su cabeza gritó mi nombre.


Y ahí se iba.

Ahí se iba aquella flor marchita en Abril,
aquella muñeca de trapo que nunca conseguí coser y sin querer rompí.


*~*



sábado, 16 de junio de 2012

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